Malformaciones Vasculares Cerebrales

Malformaciones Vasculares Cerebrales

Una malformación vascular cerebral que va a ser tratada en su caso es una malformación arteriovenosa (MAV). Una MAV es una conexión anormal entre las arterias y las venas en el cerebro que por lo general se forma antes de nacer.

Se desconoce la causa de la malformación arteriovenosa cerebral. La afección ocurre cuando las arterias en el cerebro se conectan directamente con las venas cercanas, sin tener los vasos normales (capilares) entre ellas.

Una ruptura de una malformación arteriovenosa ocurre debido a la presión y daño al tejido del vaso sanguíneo. Esto permite que la sangre se escape hacia el cerebro o los tejidos circundantes y reduce la circulación al cerebro.

Las malformaciones arteriovenosas ocurren en menos del 1% de las personas y, aunque la afección está presente al nacer, los síntomas pueden presentarse a cualquier edad.

Las hemorragias ocurren con más frecuencia en personas de 15 a 20 años, pero también se pueden dar posteriormente en la vida. Algunos pacientes con una MAV también tienen aneurismas cerebrales.

¿Cuándo está indicada la intervención?

La intervención de una malforación arteriovenosa dependerá de varios factores. Uno de los más importantes es la forma de presentación. Si una MAV se rompe y produce un derrame cerebral, con mayor probabilidad volverá a sangrar por lo que en la mayoría de casos se decide intervenir quirúrgicamente. Otros factores es la edad del paciente, el tamaño de la malformación y la localización, básicamente si está cerca de un área muy funcionante del cerebro o si se encuentra en profundidad.

¿En qué consiste la operación?

La intervención quirúrgica consiste en extirpar la malformación vascular a través de una craneotomía (ventana que se realiza en el cráneo), disecar el “ovillo” de vasos del cerebro normal hasta conseguir su extirpación completa. La operación debe realizarse sin lesionar directa o indirectamente áreas vecinas del cerebro que son funcionantes.

¿Cuáles son los riesgos, complicaciones y secuelas posibles?

Esta intervención es extremadamente compleja y delicada. También la anestesia y los cuidados en la UCI son muy complejos. Puede haber complicaciones postoperatorias relacionadas con la cirugía (hemorragia, infección, salida de líquido que recubre el cerebro por la herida (fístula de líquido cefalorraquídeo), con la manipulación de las arterias (infarto cerebral), del cerebro (contusión cerebral, inflamación cerebral, ataques epilépticos) o de los nervios craneales (parálisis facial, parálisis de otros nervios craneales).

Cualquiera de estas complicaciones puede llevar a un empeoramiento neurológico transitorio o permanente de los síntomas del paciente o a la aparición de otros síntomas nuevos (parálisis de un lado del cuerpo, incapacidad para hablar o comprender, trastornos visuales, trastorno de funciones superiores, coma etc). también hay complicaciones no relacionadas directamente con la cirugía (infección pulmonar, trombosis venosa, embolismo, falta de sodio en sangre, anemia, hemorragia digestiva, etc.).

Finalmente, es posible que algunos problemas sean consecuencia de la propia hemorragia producida por la rotura de la MAV y no a la intervención realizada. Aunque el resultado final y las complicaciones dependen del estado del paciente, sea por una causa o por otra, la mortalidad postoperatoria puede llegar al 10% en algunos casos.

Tratamientos alternativos.

El objetivo final del tratamiento de una MAV es su exclusión de la circulación cerebral sin lesionar directa o indirectamente las áreas vecinas.

Con esta premisa en mente, paralelamente al tratamiento quirúrgico de las MAV, se han visto desarrollar una serie de técnicas complementarias y alternativas que han modificado en forma sustancial la estrategia de tratamiento.

Entre ellas debemos destacar fundamentalmente dos: la neurorradiología intervencionista y la Radiocirugía.

Hoy día no es posible considerar un enfoque moderno del tratamiento de las MAV teniendo en cuenta sólo una modalidad de tratamiento. El concurso combinado de estas tres opciones ha demostrado conducir a los mejores resultados finales.

Postoperatorio de cirugía de malformación arteriovenosa cerebral

El postoperatorio habitual dependerá mucho de la situación del paciente antes de la operación.

Tras salir del quirófano el paciente pasará a la Unidad de Reanimación o Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), donde permanecerá como mínimo hasta el día siguiente a la operación.

Esto tiene como objetivo que la recuperación de la anestesia sea lenta y lo más idónea para el cerebro recién operado. Además, permite una mejor vigilancia del paciente en las primeras horas pudiendo detectarse complicaciones tempranas que requirieran una nueva reintervención.

Una vez de vuelta a la planta de Neurocirugía, el paciente se irá incorporando progresivamente hasta levantarse a las 24-48h de la intervención. El postoperatorio de una operación de la cabeza de este tipo no suele ser especialmente doloroso. Con una analgesia convencional se suele controlar de forma correcta el dolor producido en la herida. Durante el ingreso el paciente irá adquiriendo autonomía progresiva en los cuidados de su higiene corporal e iniciará paseos por la planta de hospitalización. Es habitual solicitar una TC craneal o escáner de control postoperatorio e incluso, una nueva arteriografía cerebral para confirmar que la MAV está toda extirpada.

El paciente será dado de alta hospitalaria a los 7-14 días de intervenirse dependiendo del estado previo y de la recuperación postoperatoria, siempre que no haya ninguna complicación. Tras 7-8 días de la intervención se retiran los puntos.